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Tras un duro fin de semana en el restaurante, aunque no sin ciertas satisfacciones, resuenan aún las palabras de un amigo ayer en la piscina que decía algo así como que “la democracia no es un sistema perfecto, pero es el menos imperfecto de los sistemas”. Y ciertamente, el poder del pueblo o de la mayoría, parece “en teoría” un sistema eficiente.
Eficiente, porque sin duda dista mucho de ser infalible ¡Damos por supuesto que todos los miembros de dicha comunidad son capaces de tomar decisiones, objetivas, meditadas! ¿Como podemos ser tan ingenuos? No quisiera pecar de elitista. No podría imaginar nada mejor que una sociedad lo suficientemente dotada como para que todos -o al menos la mayoría de- sus miembros fuesen capaces de tomar decisiones con la dedicación que tales se merecen. Mas he de reconocer que los días no son tan largos como para dedicar la mayor parte del tiempo a trabajar y disponer de tiempo para pensar en cómo construir el futuro de la sociedad, por lo que irremediablemente nos vemos abocados al ocio (“Ya se encargarán de esas otras cuestiones los políticos”).
De hecho, damos por perdida la posibilidad de eligir lo mejor o lo que más nos conviene a cambio de lo que sustenta una mayoría. De esa manera justificamos su eficiencia: no importa si la decisión es acertada o errada, la ratifica la mayoría y eso es suficiente. No podemos quejarnos de la decisión ya que sería ir en contra de “nuestra” propia decisión y esas contradicciones nos incomodan. En la vida, en muchas ocasiones debemos de tomar decisiones sin apenas valorarlas y atenernos a las consecuencias, pero como el tiempo pasa inexorablemente y convierte tal decisión en irrevocable, de poco nos sirve lamentarnos. Si al menos aprendiéramos…. pero tampoco. Y para colmo nos da vergüenza reconocer que nos hemos equivocado. En fin… que nos quedamos como al principio. Y a mi me pilla en la piscina, con el vaso de mojito en la mano y pensando como explicar todos estos flashes desordenados que pasan por mi cabeza y conseguir que el esfuerzo no sea en vano.

Banksy es el paradigma del agitador de conciencias urbano y como tal, me atrae irremediablemente. Arte sin fronteras. Ni estilos. El DJ Shadow de las artes plásticas. Provocador como "El roto", pero Inglés.
Otra cuestión sería explicarles que para que tales decisiones tuviesen validez alguna habrían de tomarse “en libertad”. Mmmmm…
… “en libertad”
(Se queda resonando la frase en mi cabeza como en la de Homer se quedaba la frase del señor Burns: “seguro dental”… “seguro dental”…)

“La esencia de la democracia es que el gobierno tiene que tomar en cuenta lo que el pueblo quiere y no quiere. No hay ningún mecanismo eficaz para hacerlo: el gobierno representativo no es muy eficaz. A veces funcionan mejor la prensa o los movimientos directos.”
